Una imagen regular se aguanta. Un audio que no se entiende, no. La gente puede ver un video mal iluminado hasta el final si le interesa lo que se dice, pero abandona en segundos si tiene que esforzarse para escuchar. Por eso el micrófono de solapa es la mejor inversión que puedes hacer en tu equipo.
Dónde ponerlo
La posición estándar es en el pecho, a un palmo por debajo del mentón, centrado o del lado hacia donde la persona gira la cabeza cuando habla. Más cerca de la boca capta más respiración y golpes de "p"; más lejos capta más ambiente.
Si la persona va a mirar hacia un entrevistador a su derecha, pon el micrófono un poco hacia la derecha.
El enemigo: el roce
El ruido más común en un micrófono de solapa es el roce con la ropa. Evita telas sintéticas que crujen, collares y bufandas. Si vas a esconderlo debajo de la ropa, usa cinta de tela o un soporte específico y haz un pequeño lazo con el cable para que la tensión no llegue a la cápsula.
Esconder el cable
Pasa el cable por dentro de la ropa, hacia la espalda, y engancha el transmisor o la grabadora al cinturón por detrás. Un cable colgando a la vista distrae más de lo que parece, y cualquier movimiento lo hace sonar.
Niveles: ni muy alto ni muy bajo
Pide a la persona que hable como lo va a hacer en la entrevista —no que cuente "uno, dos, tres"— y ajusta la ganancia para que los picos queden alrededor de -12 dB. Deja margen: la gente sube la voz cuando se entusiasma, y un audio saturado no se recupera.
Si tu grabadora lo permite, graba una pista de seguridad a menor nivel.
Escucha siempre con audífonos
No confíes en los medidores. Usa audífonos cerrados durante toda la grabación. Vas a detectar roces, ruidos de fondo y cortes de señal en el momento, cuando todavía se pueden repetir.
Graba un minuto de silencio
Antes o después de la entrevista, pide silencio en la sala y graba un minuto de ambiente. En edición te va a servir para rellenar cortes y para que los programas de limpieza de ruido sepan qué quitar. Es un minuto que ahorra horas.



